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Comentan el libro

Una aventura subterránea, reseña de Jorge Eslava

Una aventura subterránea

“El Muqui, centinela de las minas, la conducirá a una ciudad traslúcida y entristecida”

 

Alejarse de la tibieza del hogar ha traído, en toda la imaginería popular, serios apremios a los niños. Sea por insubordinación o por candidez infantiles; ahí están los casos de “La caperucita roja” y de “Hansel y Gretel”, respectivamente. El el presente cuento, Turmania – una niña del Ande, enfundada en un poncho polícromo- prueba suerte apelando al mismo designio: tomar distancia de sus parientes y embarcarse, música de por medio, a  una aventura subterránea. en el fondo de la pachamama, el Muqui, centinela de las minas, la conducirá a una ciudadela traslúcida y entristecida. Apenas un recuerdo. La protagonista volverá a su pueblo, con una nueva experiencia ganada y una lección para el lector: la denuncia manifiesta de la autora sobre la extracción de mineral en Cerro de Pasco, donde se dinamita el terreno impíamente, dejando en la memoria aldeas y gentes queridas.

 

 

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Turmania un libro tierno, por Gonzalo Espino Relucé

“Si bien se trata de uno de los más tiernos relatos de aventura, se fija como memoria de la destrucción de la Pacha”

 

Elizabeth Lino fue formada por la Academia, pero descubrió que antes que la Academia está el esplendor de la palabra, la de los abuelos y las abuelas, de aquellos que convierten la palabra, en un acto de ternura y magia. Aprendió que más allá de los estudios es posible, afianzar una memoria que trasmitida por relatos, cuentos o leyendas, nos vuelven a la vida. Así lo leímos y escuchamos cuando publicó Nuestros abuelos han dicho (2008). Elizabeth Lino entendió que contar es retornar a las aras del alma endemoniada y feliz que tenemos los que habitamos esta parte del mundo. Fabuladora y narradora, es decir, una narradora oral que llega con el arco iris del poncho de una niña feliz que bajó a las tierras de abajo para encontrarse con el muqui, con los cuentos que escuchó en Cerro de Pasco.

Con Turmania en la ciudad invisible (2010)[1] viene a ratificar su vocación de narradora de cuentos, que imagina y sabe que cuando la voz y la palabra se juntan, quedan en la memoria, y lo hace imaginando, las aventuras de una pequeña en las alturas del Perú. Si bien se trata de uno de los más tiernos relatos de aventura, se fija como memoria de la destrucción de la Pacha. Nos narra una historia escuchada. La inventa, la recrea, sin apartarse de la tradición. La pequeña Turmania es la que activa la memoria. Una historia que se ve interrumpida porque ella realiza un viaje a los ancestros contemporáneo. Se encuentra con el muqui (quien lo lleva –por un accidente- a los rincones profundos y desolados de Pachamama, allí donde la gente vivía y celebraba su existencia.

Una vez descrito Puyumarca, pueblo escondido por una mágica niebla, la pequeña Turmania tiene ir a la otra ladera del pueblo llevando un ato de hierbas aromáticas. Turmania tiene “cabellos negros y mejillas muy colorados; voz dulce y suave”. En su camino cae a una gran hoyada, es el momento en que se encuentra con el Muqui (“pequeño hombre, casi de su tamaño” y de “carita arrugada”) que ya no es ese travieso duendecillo, sino un geniecillo que llora sus penas, y se ha convertido en el guardián de la Pacha. Ambos congenian, se saben amigos. Turmania le habla de su pueblo. Muqui está sorprendido que ella venga de un pueblo que ha imaginado inexistente. Lo lleva por los lares de esa profunda hoyada, una pacha agonizante. La aventura concluye cuando se produce una gran movimiento que hace retornar al mundo de aquí a la pequeña junto a su ato. Arriba, ya la están buscando, la sacan del hoyo. Lo único que le queda son las lágrimas que ha recogido disimuladamente y que pondrán en el baúl del abuelo.

Una aventura intensa, donde el mundo de la gente, transita por el mundo donde viven los protectores de la tierra, el Muqui. Un relato hecho con la ternura de esa palabra que vuelve a revivir las historias contadas por los abuelos. Esta vez desde la palabra escrita de Elizabeth Lino, cuyo tejido se inserta en la mejor tradición de literatura que recrea de la literatura oral y se afinca en la literatura para niños y adolescentes, junto con sus mejores exponentes Oscar Colchado Lucio, Feliz Huamán Cabrera y Carlos Sánchez Vega.

Un relato gratamente animado. Un relato de aventura. Desde esa visión niña, que vuelve sobre el arco iris y muqui desde el mito, para pone sutilmente en primer plano la violenta explotación de que ha sido objeto la pacha Mama. Turmania mira el pueblo del muqui, observa como ha quedado Cerro: “miró hacia adelante y lo que vio fue un monstruoso y profundo agujero. Era enorme como si un gran meteorito hubiera caído allí. El lugar lucía silencioso, partido, muerto; con el viento silabando tristemente y con el sol apagado”. Y nos interpela sobre la relación humano-naturaleza. Un texto que se compromete con la ecología.

Un libro que viene a enriquecer nuestra literatura, más exactamente, la literatura infantil, esta vez desde el horizonte andino tal como nos lo narra, como andina, la historia ayer escuchada, ahora con personaje, la pequeña Turmania. Sutilmente, una proclama para volver al ver límpido el arco iris, turmanaya.

[1] Lino Cornejo, Elizabeth. Turmania en la ciudad invisible. Ilustraciones de Antonio Trujillo Ramírez. Lima: Pakarina Ediciones, 2010

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